Los cánceres de pulmón comienzan en las células que revisten los bronquios y en otras partes del pulmón. Las células cancerosas pueden producir sustancias químicas que causan la formación de nuevos vasos sanguíneos en las áreas vecinas para alimentarse y pueden continuar creciendo hasta formar un tumor, éstas se pueden desprender del tumor original y hacer metástasis (es el proceso de propagación de un foco canceroso a un órgano distinto de aquel en que se inició).
Una forma de propagación del cáncer de pulmón se da a través del sistema linfático, cuando las células cancerosas del pulmón ingresan en los vasos linfáticos y comienzan a crecer en los ganglios alrededor de los bronquios y en el mediastino (entre los dos pulmones), facilitando la propagación del cáncer a otros órganos del cuerpo.
Los tipos de cáncer que se originan en otros órganos (como en la mama, páncreas, riñón o piel) a veces pueden propagarse a los pulmones, pero no son considerados como cáncer de pulmón. El tratamiento del cáncer que se ha propagado a los pulmones depende del lugar en donde se originó.
El respirar el humo que otros producen (humo de segunda mano o humo de tabaco ambiental) aumenta el riesgo de cáncer de pulmón.
La mayoría de los cánceres de pulmón no causan ningún síntoma hasta que se han propagado. Los síntomas más comunes son:
Tos constante; con sangre o esputo (saliva o flema) del color del metal oxidado. Dolor en el pecho que se agrava al respirar profundamente, toser o reír. Ronquera.
- Pérdida de peso y de apetito.
- Dificultad respiratoria.
- Cansancio o debilidad.
- Infecciones como bronquitis y neumonía recurrentes.
- Silbido de pecho.
La presencia de cualquiera de estos síntomas, no significa que ya existe cáncer de pulmón, no obstante, es importante acudir a valoración médica para realizar un diagnóstico preciso y oportuno.




