Terminar una relación amorosa importante, sea por divorcio, separación o muerte, nuestras vidas se ven totalmente transformadas.  Nos vemos obligados a parar en seco, volver a empezar, y enfrentar la vida solos. Tenemos que improvisar y no tenemos idea de cómo hacerlo.  Perdemos lo que hasta entonces nos había sido más familiar y el futuro nos parece amenazador e imposible de enfrentar. Frente a este nuevo reto, nos encontramos básicamente sin experiencia y nadie que nos indique que hacer, en ocasiones ni siquiera un hombro donde llorar.  Nuestra mente llenas de preguntas, nuestra alma llena de miedo, nuestro corazón lleno de dolor.

 

Después de la muerte de la pareja o de alguien muy cercano, la separación es la experiencia emocional más devastadora y compleja por la que puede atravesar un ser humano y una familia completa. La ayuda es poca o inexistente.  La iglesia tradicionalmente no ha sabido cómo responder a esta realidad social. Los amigos (muchas veces de la pareja) prefieren retirarse y la familia no sabe qué actitud tomar.

 

Volver a empezar, luego de una separación es tal vez el reto más difícil que muchos tengamos que enfrentar en su vida. El camino parece imposible de recorrer. El periodo ha sido comparado con un viaje en “montaña rusa” con sus momentos planos, casi como zombis, etapas donde sentimos que vamos de subida, seguidos de estrepitosas caídas de nuevo en la desesperación y el dolor.  Nos sentimos solos, desesperados de no poder cambiar lo que nos está pasando y al mismo tiempo enojados ante nuestra propia impotencia y aparente debilidad.  El sentimiento de pérdida es terrible, pero puede ser también un periodo de reflexión y aprendizaje para nuestra vida futura.

 

He trabajado con cientos de personas que han atravesado por la crisis del divorcio, y una y otra vez he sido testigo que, cuando la persona tiene el valor de enfrentar el dolor en su corazón y aceptar la realidad de su situación, es posible sanar y, como el mítico fénix, renacer de nuestras cenizas y emprender el vuelo a nuevos y más altos horizontes.

 

No quiero engañar a nadie. El proceso no es fácil. El nacimiento de un nuevo yo, de una nueva vida, implica dolores de parto, implica trabajo. En ocasiones el proceso es muy doloroso, sin embargo, escalar la “montaña de la reconstrucción” trae recompensas y crecimiento personal.  Con empeño y dedicación, he visto a mis clientes convertir todo ese dolor en tan sólo un recuerdo. Eventualmente, cuando lleguemos a la cima, podemos aceptar lo que ha ocurrido y, por imposible que en el principio parecía, comenzamos a reconstruir nuestra vida.  Nos abrimos de nuevo al amor y el mundo vuelve a tener sentido.

 

Sin embargo, si bien esta sanación es posible y está al alcance de todos, no está garantizada y –tristemente- casi todos conocemos gente que no ha podido salir del pozo del divorcio incluso años después de su separación. El dolor es mucho y la tentación de evitarlo grande.  Nos distraemos con el trabajo o negamos que nos duela tanto.  Iniciamos nuevas relaciones o comenzamos a usar sustancias o alcohol.   Hay muchas formas de extraviarnos y jamás llegar a la cima.

 

Para sanar un corazón roto, es conveniente seguir el proceso de reconstrucción. Pero la pena es tan grande la mayoría de nosotros no sabemos qué hacer. Estamos en la oscuridad y es muy difícil tomar decisiones, desafortunadamente la vida no se detiene y hay que seguir adelante. Aquellos cercanos a nosotros, aunque bien intencionados, realmente tampoco saben qué hacer, y en ocasiones pueden consejos que nos llevan a tomar decisiones que, aunque parezcan razonables, muchas veces son contraproducentes.

 

Sé que no es fácil ser soltero o soltera una vez más.  Es sin duda un momento de crisis, pero permíteme una palabra de aliento.  Como toda crisis, tu situación actual, por desesperada que parezca, es un momento de riesgo y oportunidad.  La oportunidad es la de sanar, fortaleciendo tu mente y tu corazón, aprendiendo de tu errores para seguir adelante. El riesgo es no completar el proceso de reconstrucción, dejar cabos sueltos y sentimientos sin resolver. El tiempo por sí sólo no cierra todas las heridas. El cómo manejemos esta pérdida, puede definir como nos relacionemos en el futuro.  Pero con trabajo y determinación, es posible no sólo reconstruir tu vida, sino conocer un nuevo nivel de libertad de elección, de integridad y la capacidad de ser quien puedes ser.