Las promesas se las lleva el viento.

Por Luis Hurtado | hola@luishurtado.net

 

En tiempo de elecciones, bien dicen que prometer hasta meter, y una vez metido… ¡tenga lo prometido!

Regularmente las campañas electorales son aprovechadas para realizar una serie de “promesas” que escasamente se cumplirán. Se rebasan las funciones que un candidato debe de tener, ¿qué quiero decir con esto?, que como la mayoría de las personas no tiene claridad sobre cuál es la función que se desarrollan en las legislaturas (locales o federales), en las alcaldías o en las gubernaturas, pues lo mismo da cual sea el cargo de representación que se busca.

 

De lo anterior se deriva, por ejemplo, que la gente tienen demandas explicitas y concretas: la creación de empleos y la mejora de los que hay, el mejoramiento de la infraestructura – luminarias, drenaje, pavimentado, etcétera, además de temas como de seguridad, y entre otros, el de la creación de espacios públicos seguros o la mejora en el sistema escolar.

 

Ante el desconocimiento de la gente, lo mismo se acerca alguien que busca participar en una legislatura y promete el pavimentar las calles de la colonia en la cual se encuentra haciendo proselitismo electoral. Seamos honestos, no es algo in situ que le corresponda a las legislaturas, pero la gente lo ignora, es más, muchas veces quienes se candidatean también desconocen sus funciones en caso de ser electos, es cierto, no me vengan con que cada candidato y candidata tiene claro qué le corresponde.

 

Más que manejarse las candidaturas con base a “promesas” que no se verán, se deberían de basar en compromisos o propuestas que están dentro de sus funciones, sobre todo cuando no dependen de otros órganos. Esto lo digo porque no es posible que algunos candidatos y candidatas en plenas elecciones no tengan propuestas claras a temas específicos y que sus respuestas sean: el candidato se está reuniendo con un grupo de especialistas para generar las mejores propuestas. O la otra, que te inviten a visitar su página de internet y lo único que diga sea: empleo para todos, pero jamás mencione cómo o bajo qué formas. Por ello debemos de comenzar a olvidarnos de las promesas de campañas y trabajar sobre otros esquemas.

 

Cuando digo que las promesas se deben de olvidar, me refiero desde lo que producimos en el sentido común. Pues una promesa queda a la voluntad de quien la realiza, por ejemplo, quien promete que ya no beberá alcohol no está diciendo que jamás lo volverá hacer, sino que si su voluntad se lo permite no lo hará, pero su voluntad puede cambiar. Otro ejemplo para que entendamos a que me refiero, en el ámbito religioso, el cual está muy marcado en nuestro cotidiano por muy ateos que seamos, cuando uno necesita de esa deidad, le promete que si sucede el deseo del sujeto cambiará su vida en ciertos aspectos, pero volvamos, esto queda a voluntad de la persona.

 

Lo mismo pasa desde el sentido común con quien se candidatea, pues si su voluntad, más allá de que si sus funciones se lo permiten, es realizar tal o cual acción, pues lo hará, sino, pues no y listo.

 

Sin embargo, una propuesta o un compromiso está surge con base al puesto por el cual se está buscando el voto, pues se parte desde manifestar con razones de conocimiento lo que sí se puede y lo que no se puede hacer.

 

Por lo anterior, a esta y a todas las campañas lo que le sobran son promesas, lo que le hacen faltan son propuestas y compromisos claros que la ciudadanía pueda demandar cuando quien se candidatea quede como representante. Pues no olvidemos una cosa, a quien se elige en una elección, aún con todos los paréntesis que deseemos abrir, se elige como nuestro empleado, por ello, si sus compromisos o propuestas no se cumplen tenemos el derecho y la obligación de correrlo, es decir, de pedir su renuncia.

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