
Howard Hughes nació una víspera de Navidad, el 24 de diciembre de 1905 y es recordado como un excéntrico millonario, ingeniero, inventor y entusiasta emprendedor en industrias como la cinematográfica y la aviación.
La vida de excesos y extravagancias de quien fue considerado el hombre más rico del mundo, ha sido contada en diversas ocasiones en la pantalla grande, de las cuales la película más reciente fue El Aviador, dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Leonardo Di Caprio, en 2004.
Pero, como siempre, la realidad supera a la ficción, especialmente cuando se trata de la vida de un hombre de negocios, cuya fortuna alcanzó un valor de más de 1,500 millones de dólares y no dejó un testamento que definiera el destino de su legado, el cual tardaría en definirse más de 20 años después de su muerte.
Al no existir un descendiente directo que pudiera heredar el imperio de Hughes, que incluía propiedades de hoteles, casinos, fábricas de herramientas petroleras, entre otros negocios; desfilaron diversos familiares lejanos, ex esposas, supuestos hijos, conocidos y testamentos falsos que peleaban parte de los millones del empresario, quien murió en abril de 1976.
El encargado temporal de administrar las propiedades de Hughes fue el abogado William Lummis, quien, junto con las autoridades estadounidenses, tuvo que enfrentar diversos conflictos respecto a la herencia.
Debido a que las propiedades de Hughes se encontraban en diversos estados del país, surgieron desacuerdos entre los gobiernos de Nevada, California y Texas, los cuales apelaban ser los responsables de la distribución de las propiedades, donde cada uno contaba con sus propias leyes.
Después de varios años de luchas legales, gran parte de la fortuna fue entregada al Instituto Médico fundado por Hughes. Sin embargo, otra sustancial parte del dinero terminó en manos de varios herederos.
En septiembre de 1981 un tribunal de la ciudad de Houston, Texas, decidió entregar parte de la fortuna a las tres últimas herederas legítimas del multimillonario. Tras 10 días de estudiar el caso, el jurado determinó entregar 16% de la herencia a Barbara Cameron, Christine Roberts y Elspeth de Pould, nietas del último tío del magnate, el escritor Rupert Hughes.
Según una publicación de aquella época, por el diario El País, el jurado decidió aceptar como legítimas a las tres mujeres a pesar de las acusaciones presentadas al tribunal que entendía sobre el caso por algunos aspirantes a la fortuna y en las que se señalaba que la madre de éstas no era efectivamente hija de Rupert Hughes, ya que éste era estéril.
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