Los últimos días de Los Pinos como residencia de los presidentes mexicanos están contados. El plan para la casa de 60 hectáreas del virtual gobierno electo de Andrés Manuel López Obrador consiste en transformarla en un centro cultural que terminaría con uno de los símbolos más poderosos del presidencialismo mexicano, “y con esa idea del Presidente como algo intocable, distanciado de la gente”, dice el historiador Ricardo Pérez Montfort.

La idea, según el planteamiento de López Obrador, es integrar el predio que desde 1939 es utilizado como casa presidencial al Bosque de Chapultepec, lo cual, considera por su parte Antonio Azuela de la Cueva, presidente del Consejo Rector Ciudadano del bosque, “es una buena noticia”.

Azuela habla a título personal, pues el tema aún no se ha discutido al interior del consejo, pero advierte que deberá vigilarse que Los Pinos no se convierta en un monumento del poder presidencial, como ha sucedido con otros espacios del bosque; incluso, en este sexenio, cuando se construye un museo que evoca la reforma energética impulsada por Enrique Peña Nieto.

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