Nada pudo salvar a un hombre de morir en el piso de su casa, ni 20 minutos de masaje cardíaco ni un desfibrilador. Y su historia no es la única, ellos son algunos de los enfermos de covid-19 rechazados de los hospitales que terminan muriendo en su casa frente a la mirada e impotencia de sus familiares.

Condenados a cubrir los gastos de su tratamiento sin un diagnóstico adecuado, medicamentos pertinentes, ni oxígeno suficiente, se quedan a su suerte a morir.

Como muchos otros, un hombre diabético que enfermó en la semana, su familia creyó que solamente era tos y gripa, se atendía en el Seguro Popular, la noche del viernes los paramédicos llegaron cuando ya había fallecido.

“Enfermedades que pacede el señor, le preguntan los paramédicos a los familiares.

“Lo que pasa que en la semana tuvo tos y gripa, pero eso fue todo. Y ahorita lo llevé al doctor porque empezó en la mañana como a desvariar, yo pensé que tenía calentura, pero me dijeron que era su azúcar alta Entonces le inyectamos insulina y eso fue todo”, aseguró uno de los familiares.

“Lamentablemente el señor ya falleció. Ahorita el señor ya no tiene pulso”, informa el paramédico a los familiares, quienes sueltan el llanto al ver al joven en el suelo.

Por otro lado, un hombre de 87 años perdió a tal grado sus pulmones que el oxímetro en algunos momentos ya no percibía saturación. La asfixia dañó su cerebro y debido a ello se balanceaba sin control.
Intentamos llevarlo a un hospital privado, pero no se pudo”, explicó una mujer, familiar del paciente.

“Su condición es totalmente crítica, no le voy a mentir. La situación que él tiene para mejorar en el hospital es prácticamente muy baja también”, advierte el paramédico

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